Reflexión: cómo el despilfarro de alimentos alimenta el cambio climático

ALIANZA MUNDIAL

Nuestra Alianza Mundial es una red de organizaciones globales comprometidas con la acción medioambiental que comparten la aspiración del Premio de reparar el planeta, así como instituciones académicas y sin ánimo de lucro y alianzas del sector privado de todo el mundo. Nuestra Alianza Mundial y los encargados de presentar las nominaciones son un elemento clave de Earthshot y, como tales, sus noticias son buenas noticias para el medio ambiente y estamos deseosos de poder compartirlas con regularidad.  

 

Esta semana, WRAP, socio de nuestra Alianza Mundial, nos habla del desperdicio de alimentos, las cifras que hay detrás de ello y cómo reducirlo en el hogar. 

 

Con cada año que pasa cada vez es más evidente que nuestro mundo se está enfrentando a los cambios físicos derivados de la amenaza más urgente para nuestro planeta y la humanidad: el cambio climático. Los factores que contribuyen al cambio climático son complejos y estratificados, y su impacto puede ser profundo. Un factor que suele pasarse por alto es el impacto que el desperdicio de alimentos tiene sobre las emisiones de gases de efecto invernadero, ya que este es uno de los pocos factores que podemos evitar.  

A nivel mundial, un tercio de los alimentos producidos para el consumo humano terminan sin consumirse. Si los alimentos desperdiciados fueran un país, ocuparían el tercer puesto mundial en términos de emisiones de gases de efecto invernadero, por detrás de EE. UU. y China. Se trata de un problema urgente en todo el planeta, y la necesidad de identificarlo, medirlo y actuar es mayor que nunca.  

Su impacto medioambiental se mantiene oculto: aunque ya es una pena en sí mismo que se desperdicien alimentos –además de una fuente de emisiones de metano si terminan en el vertedero– el desperdicio real se genera antes en los recursos utilizados en su producción. Hace falta mucha agua, tierras, energía, tiempo y transporte para llevar los alimentos hasta nuestras mesas, todo ello en vano si no la aprovechamos del todo. Si los hogares del Reino Unido no produjeran desperdicios durante un día, supondría lo mismo para el cambio climático que plantar medio millón de árboles. El impacto potencial es enorme, algo que nos empodera en última instancia: todos podemos formar parte de la solución. 

En el Reino Unido, una vez que salen de las explotaciones agrícolas, cada año se desperdician 9,5 millones de toneladas de alimentos, y un 70 % de estos desperdicios se originan en nuestros hogares. Desde las cortezas de pan que se tiran a la basura, hasta las botellas de leche que se vierten por el desagüe, todos esos pequeños bocados de alimentos que se desechan sin pensar suman miles de millones de libras desperdiciadas por los hogares, además de producir emisiones de gases de efecto invernadero.  

El problema va más allá de los hogares. En 2018, en el sector de la hostelería se desperdiciaron 1,1 millones de toneladas de residuos alimentarios, mientras que otro 1,5 millones de toneladas tuvieron su origen en los fabricantes y 280 000 en los minoristas. Evidentemente, en todos estos sectores, hay mucho trabajo por hacer. 

La buena noticia es que estamos progresando. En enero de 2020, WRAP hizo público que el desperdicio de alimentos anual en el Reino Unido se había reducido en 1,7 millones de toneladas desde 2007. El informe de progresos Champions 12.3 2020  elogiaba el trabajo del Reino Unido y los Países Bajos en este campo por su «ejemplaridad»; en ambos países, el desperdicio de alimentos de los hogares había descendido en torno a un 30 % por persona. Las campañas Love Food Hate Waste están teniendo una gran repercusión en todo el mundo, desde Nueva Zelanda hasta Canadá, y el trabajo de WRAP en colaboración con México, Indonesia y Sudáfrica está basado en el exitoso Compromiso Courtauld del Reino Unido de asegurar que sus progresos se vean replicados en todo el mundo.  

El estudio sobre las actitudes de los ciudadanos en 2020 de WRAP descubrió que cada vez somos más conscientes de que el desperdicio de alimentos es un problema nacional importante; un 90 % de la población cree que tiene una responsabilidad personal a la hora de minimizar ese desperdicio. La sensibilización medioambiental ha ido al alza desde la icónica serie Blue Planet II de David Attenborough. El récord de su número de seguidores en Instagram desde el pasado mes de septiembre demuestra el respeto intergeneracional existente ante la urgencia del problema. Cuando en octubre de 2020 le preguntaron qué podemos hacer cada uno de nosotros para marcar la diferencia, su respuesta fue simple: simplemente no desperdiciar papel, electricidad… y comida.  

Ha llegado la hora de movilizar este espíritu medioambiental y dirigir nuestra atención a los alimentos. Cada vez que compramos, almacenamos y cocinamos, tenemos la oportunidad de actuar en beneficio de nuestro mundo natural. En un entorno marcado por la amenaza de la crisis climática, hacer la lista de la compra y no saltársela se convierte en un acto revolucionario a favor del cambio. Pero no solo tenemos que pensar en nuestros propios platos. La responsabilidad va más allá de los ciudadanos y llega hasta los gobiernos nacionales y los líderes industriales para tener un impacto duradero. 

En la próxima Semana de la Acción contra el Desperdicio de Alimentos de WRAP, tanto los hogares como las empresas podrán descubrir esos pequeños cambios que pueden acabar con este tipo de desperdicio. Desde las explotaciones agrarias hasta la mesa, hay oportunidades para mejorar nuestro sistema alimentario. Los primeros días de la pandemia nos obligaron a reconocer el valor de los alimentos y las múltiples ventajas de no desperdiciarlos, y este duro trabajo salvaguarda ahora nuestra capacidad para producir alimentos en el futuro. Cuanto más conscientes seamos ahora, menos presión ejerceremos sobre nuestras reservas hídricas, tierras y suelos, permitiendo que nuestro mundo natural siga ofreciéndonos los alimentos que tan necesarios son para seguir con nuestras vidas. 

Bajar la temperatura del frigorífico de 7 °C a menos de 5 °C puede mantener los alimentos frescos durante más tiempo. Aprovechar todas las partes comestibles de los alimentos puede ofrecernos nutrición extra al tiempo que reducimos el desperdicio. Comprobar la despensa antes de salir a comprar evita que acaparemos más de lo necesario. Los cambios en el hogar no tienen por qué ser radicales – pero han de ser rápidos.  

2021 es un año decisivo para el clima. La pandemia mundial ha causado estragos en nuestras vidas, pero también supone una oportunidad para construir resiliencia frente a perturbaciones futuras en nuestros sistemas globales. El mundo se reunirá en COP26 en noviembre, en la que muchos apuntan que podría ser nuestra última oportunidad para evitar una catástrofe mundial. El desperdicio de alimentos debe ser el foco de atención en el ámbito internacional, las salas de reuniones de las empresas y en nuestros hogares. Si actuamos ahora, podremos seguir amando la comida (y odiando el desperdicio) en los años y décadas venideros. 

Conozcan mejor a WRAP y el trabajo que desarrolla  

WRAP
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